81 x 116 cm
En la ribera de la existencia, el chamán danza, tambores. El susurro interior cruza umbrales en un ritual de convergencia donde el silencio conversa con la inconsciencia. La identidad revira umbrales y define los mapas, transita sentimientos en los que la voz interior dialoga desconocido, hallando lugares que aguardan al movimiento y la imagen; en esa travesía, el destino es un paisaje, y nosotros el testimonio, la huella de la voluntad que abraza lo sagrado y despierta el misticismo que exalta a lo invisible, mostrándose ante ojos que buscan la belleza. El misterio de vivir retoma el control y los patrones desaparecen en la maleza del último bosque.
“Los símbolos ancestrales emergieron y el lienzo palpitó más allá de lo cotidiano, explicando la geometría incógnita que habita en mí; cuando terminé esta obra, soñé tres noches con la espiral que se expande en la dirección incierta; estuve allí, donde nace el pensamiento que no conoce lo cotidiano, furtivo. Ritual y revelación, culto, ceremonia; la puerta está abierta.”