72 x 92 cm
Cuando más me pierdo en mí, en ese poner rumbo intrínseco, ajustado a una intimidad representativa de naturaleza individual, las correspondencias se arruinan en un proceso de contraste donde la coherencia pierde percusión y el absurdo entra en conflicto con los preceptos identificativos que son un dogma para idiotas al que nadie se atreve a contradecir. ¿Cómo hemos llegado a esto? A causa de qué todos creemos ser “quienes somos” si justo por eso dejamos de ir a nuestro propio encuentro; la superficialidad es la pelota que mejor rueda. Nada de esto tiene ciencia, si yo soy quien soy o quien tengo la impresión de ser, por qué la transformación acuciante que me acecha con forma de liberación postergada se queda siempre a unos pasos; la cordura es como si fuese fruto de la imaginación en este camino de baldosas amarillas. Por qué mi pesimismo, o mi amor propio consumido y esta modestia insufrible terminan por definirme, si yo me creo capacitado para vivir en este cuerpo y, con él, cumplir con nuestro cometido y llegar a cierta realización; y es que esto no es sólo un viaje para hacer de puntillas. Buscarte por dentro y con ello tratar de aclarar contigo algo tan fundamental como ser, algo real que trasciende, siendo la esencia aquello que es invariable y permanente, su opuesto, qué diantres estoy tratando de decirme o hacerme comprender. Soy, o no soy yo.
Para Tomás de Aquino, la esencia o el ser ocuparon pensamiento y el impacto de sus acciones fueron más allá canalizando aguas que mueven molinos ya olvidados; ahora reflexionar es otra cosa y donde no hay mata, no hay patata. Lo que espero de mí, todavía, como lograr –mis– objetivos, no deja de ser una proyección inherente al ser que forma parte de todos, no es algo privativo; no caigamos en tonterías. Tratando de evitar caer en la sinrazón –llamada frecuentemente lógica– o la fanfarronería, el pensamiento es más colectivo que propio. Y, con toda esta perorata de laberinto, me busco, y lo hago influido por la moderación absurda que me persigue, por la sobriedad y el pudor, y esta fogosa y violenta espiral de compostura harta de hacer preguntas. Ser, esa es la contestación.