Equality

73 x 116 cm

Pintura con dedos

Óleo sobre lienzo

Y qué hacemos con lo callado, porque dentro hablamos de otra forma, condescendemos en la autoevaluación. Y, es que, nos damos pena. Se aceptan injusticias, decir mentiras y discriminación, claro, ser ladrón o caradura, indecente, proscrito. Admitir en silencio no tiene juicio ni condena, ni crucifijo al que mirar con sumisión. Le hacemos hueco, con criterio y voluntad, a aquello por lo que acusaríamos a otros a voz en grito y sin piedad; como un coronel de una espeluznante dictadura que ordena enterrar a divergentes con cal mientras dan el desayuno a sus hijos. Las frases barrocas y aplastantes, serpientes que surgen de la boca, el desfase, el placer de hacerlo; estamos al mando. Quién no entregaría (anónimamente) a su madre, a su hermano por estar al final de una estructura vertical, ser jefe de jefes, líder, mandamás, súper intendente, director general, y hablar raro y ser, por supuesto, otro.

Los manifiestos de facto que nos representan (risas), los momentos más transcendentales, cuánto hemos hablado con los ojos, con la profundidad de la noche, en nosotros, entre la duda y el deseo, la atracción; lo prohibido. Qué hacemos con lo callado, es una pregunta que cae al abismo. Lo que no está hecho no ha pasado, de dónde me viene esta idea loca de saltar al vacío y soltar la cuerda, dejarme llevar y ser todo lo que no he sido, así, si quiero… Un toque de egoísmo (escalofrío). A mí el bien ajeno me hace bien porque amar es amar; calor es calor y frío es frío. En algún momento todos somos un renglón torcido y ser otro no es igual que ser uno mismo.