80 x 100 cm
La sombra de la madrugada besó tus labios una vez más. No lo recuerdas, pero soñabas amar cuando viste al silencio presa de la resignación que cubría tu piel helada. Mayo era un grito dentro de ti, rogando una oportunidad, una mano con la que sobrevolar la ciudad, fulgor que estimule las medias tintas de tu diario ávido de universo, de infinito. La vida es algo urgente, dijo la confusión antes de la aurora y el miedo, consciente, salto por la ventana. Un cuerpo hermoso, en llamas, dijo tu nombre. La cúpula se recogió en los brazos de la noche; un brindis de contentación iridiscente en respuesta a tu regreso, añadiéndole a la oscuridad que exigía su presencia para curar soledad y tristeza.
En el horizonte tu destino y el mío interpretan canciones de un mundo que en la distancia parece decir si tú me dices ven planeando sobre dos cafés apresados a una melodía; y hacerla nuestra ahora que quieres brillar bajo la luz de una mañana que es hoy todavía.