45 x 60 cm
Nunca he sido infiel, y no es algo de lo que deba estar orgulloso, tengo otros defectos. La perseverancia me acosa y me perdona como un misionero excitado con hipótesis que, otra vez, toma en consideración a la esperanza en circunstancias que aún no han llegado. Me angustia vivir en un mundo injusto en el que se deja morir a otros de hambre, donde el poder y la gloria deterioran al más guapo y echa a perder a cualquier iluminado de sonrisa postiza; ya no sabe uno a quién seguir los pasos. El amor no es un lugar al que volver cuando haces daño, aquellos que gritan fuego, acumulan ceniza. A mí, no me importa que me vean llorar, pero por ahora, prefiero evitarlo; quizás luego. Lo trágico pende de un hilo críptico como la distancia de corazón que crece y se propaga sin apenas manifestar presencia, acogiéndose al derecho a no declarar, jurando una falsa inocencia que deja demasiadas huellas. La justificación de los medios se pone en nuestro camino y nos mira de frente fortaleciendo la idea de que todo es provisional; dignidad, hablamos de dignidad. Ejecución, maniobras, procesos, la conducta es parte de una sincronía que va más allá de lo propio; han asimilado el “nosotros” y, ahora, quiénes somos, ¿los que no están de acuerdo y piden en nombre de otros?, qué va: somos nosotros, porque ellos tampoco son ellos. Es la frivolidad que, sistematizada, juega rechazando la repercusión de actos y convenios que olvidan que, al hacer estallar una parte, en realidad, lo hacen con todo.